El acto y consecuencia de osificar u osificarse (es decir, transformarse en una estructura ósea) se enmarca en el proceso conocido como osificación, el cual permite que se formen tejidos óseos en diversos rincones internos de los organismos.
De no estar implicado un cartílago en este proceso, señalan los expertos, se hace referencia a la osificación intramembranosa, la cual es de vital importancia durante la formación de la estructura esquelética de los mamíferos. Este tipo de osificación, además, interviene en casos de cicatrización espontánea de una fractura de hueso y en el desarrollo primario de los huesos situados en la cabeza del ser humano.
Diferente a los demás procesos mencionados líneas arriba es el que se conoce como osificación heterotópica, un concepto identificado con la sigla ‘HO’ que describe al cuadro caracterizado por la formación de huesos en espacios del esqueleto donde no son comunes. Estas prolongaciones óseas, por lo general, surgen en la zona de los hombros, la cadera, los codos y las rodillas. Una vez definido el diagnóstico y analizado el panorama, el médico suele recomendar sesiones de fisioterapia y/o medicación para tratar el cuadro.